viernes, 30 de diciembre de 2005

El potro desbocado

Algunas viejas glorias del boxeo español se arrastran en un anonimato de droga y mugre, como Perico Fernández, Campeón Mundial de peso superligero en 1974, que ayer declaró en 'Aquí hay Tomate' (sí, ahí) que nadie se acuerda de él y tiene depresiones, aunque ha salido del alcohol. Y es que quien haya tenido la oportunidad de ver estos días el programa tomatero, habrá podido contemplar también a Poli Díaz hablando de otros boxeadores y famosos drogadictos...

Polvo eres y en polvo te convertirás. Poli, el Potro de Vallecas, salió milagrosamente de la mierda y volvió a ella después. Se acostumbró a los excesos y no asumió ser rico, joven y famoso. Era un chico de clase baja, más bien tonto y de pocas luces que de pronto se vio con dinero y no supo estar a la altura de las circunstancias. Poli sólo era uno de tantos muchachos que suben como la espuma, ganan mucha pasta y no aprenden nada. Pertenecía a esa clase de ricos de nuevo cuño que quieren ser como los millonarios de nacimiento, pero conservan sus toscos modales. Gastan dinero a manos llenas, pero no pueden comprar estilo y saber estar. El Potro comía marisco con guantes de boxeo. Y así le fue.

No todos los deportistas llegan a ser tan importantes como para tener un videojuego inspirado en ellos. Y Poli lo tenía, pero en el ordenador no había que meterse las rayas de coca que él ha declarado que esnifaba tras cada combate. Resulta que el antiguo campeón ha reconocido haber hecho de todo para conseguir droga. Ha vendido agua, jeringuillas y ha protagonizado una peli porno, aunque esto último ya era conocido. Y aporto dos datos, la peli se llama 'El potro se desboca' y la banda sonora es de Leonardo Dantés. Criminal.

Poli no es ruso, ni siquiera brasileño, pero cuando habla en televisión tienen que subtitular lo que dice, porque no se le entiende, parece ido. Ver y 'leer' hablar a Poli me hace pensar en la relación de las drogas y el deporte. Maradona es el mejor ejemplo, pero más recientemente hemos visto a Adrian Mutu ser despedido del Chelsea por consumir cocaína. Por otro lado, me pareció muy desafortunada la celebración de Fowler esnifando la línea de fondo tras marcar hace unos años un gol en la Premier. De ciclismo, mejor ni hablamos. Yo lloré por el Chava y el Pirata.

Pero no nos desviemos del tema, que no es otro que el mundo del boxeo. Un mundo que parece demasiado oscuro para muchos. Será que no soy aficionado al deporte de ponerse guantes y liarse a ostias, pero me parece que hay mucho personaje sin dos dedos de frente dentro de él. Si el golf, la vela y el ahora tan de moda pádel son deportes de clase alta, el boxeo es el deporte de la clase baja. Así de duro, así de triste. Además, si cuando un boxeador comienza su carrera tiene algo de inteligencia, parece que la pierde a base de puñetazos. Y con la inteligencia se va la salud y suele llegar una muerte prematura. Mohammed Alí, antes Casius Clay, sigue vivo, pero da pena verlo. Pedro Carrasco, otra vieja gloria española, dejó viuda a la peluquera hace un par de años. Pero uno de los casos más sangrantes fue el del único español que nos ha dado éxitos en la categoría de los pesos pesados. José Manuel Ibar Urtain, el morrosko de Cestona, fue campeón de Europa en 1970. Tras colgar los guantes le fueron mal sus negocios y en el 92 saltó a la calle de Madrid desde un décimo piso. Recemos por Castillejo.

"El boxeo es una mierda" (Perico Fernández).

lunes, 26 de diciembre de 2005

Que vuelvan los Reyes Magos

Vaya por delante que no soy monárquico y los únicos reyes que me gustan son los de la baraja. Por otro lado, tampoco me gusta la Navidad, así que está claro que no me gustan los Reyes Magos y por ello me descojoné cuando Santiago Segura los tiroteaba en 'El día de la Bestia'. Pero, a pesar de todo, siento un cariño especial hacia esos tres ídolos infantiles cada vez que veo a un Papá Noel invasor. Sí, invasor, porque los papas noeles que estos días pueblan televisiones, calles y centros comerciales no son más que una americanada que año a año se está colando entre nuestras costumbres.

Resulta obvio que al empresario le resulta más económico contratar a un pintamonas de traje rojo que a tres personas vestidas de reyes. Pero la caja maligna (que no tonta), es la principal culpable de que nuestra sociedad haya adoptado esta y otras costumbres americanas, como la de Halloween, que, a pesar de lo que piensen algunos, no es una fiesta que inventó Benjamín.

Debido a que muchos padres comenzaron a adoptar la tradición de Santa Claus, otros tantos se han visto obligados a confíar al gordo de los renos algunos de los regalos de Navidad, para evitar un posible "papi, mami, ¿por qué a mis amiguitos les visitá Papá Noel y a mí no?". Eso sí, si algo bueno tiene este personaje es que los niños pueden disfrutar de sus regalos durante todas las vacaciones, mientras que si confían en los Reyes Magos tan sólo tienen un día para arrastrar a sus padres al paseo marítimo a estrenar la bici y el coche teledirigido.

Metidos de lleno en el tema de estas fechas, he de decir que estoy harto de las 'Nochebuenas con Raphael', las 'Navidades con la Pantoja' y, sobre todo, estoy harto de Tim Allen en 'Vaya Santa Claus'. Y sí, que me perdonen los cinéfilos empedernidos, también estoy hasta las narices de James Stewart en '¡Qué bello es vivir', película que hace un par de años llegaron a emitir tres cadenas distintas el mismo día. Este tipo de programación está matando impunemente los valores tradicionalmente familiares de la Nochebuena, ya que incita a la bebida, obligando a los jóvenes a hacer un botellón con sus amigos tras la cena.

viernes, 23 de diciembre de 2005

Bin Laden no es tan malo

Siempre he pensado que un hombre que tiene por nombre OS AMA no puede ser tan malo como nos lo quieren pintar. De hecho, merece toda mi admiración porque, atentados aparte, es el único en el mundo que se ríe y ridiculiza al mayor terrorista que existe sobre la faz de la tierra, George W. Bush.

Recuerdo que un año antes de lo de las torrecitas ví en la tele un documental sobre él. Se hablaba de las escuelas y casas que estaba construyendo en Afganistán o donde quiera que estuviera en ese momento. Al terminar de verlo, pensé "joé, que tío más buena gente". Pero ahora ya no interesa mostrarnos esa parte de su persona, claro, ahora nos lo venden como el malo, que malo es, eso es innegable, pero siempre he pensado que no tanto como el presi yanki.

Pero lo que realmente me ha hecho darme cuenta de las bondades que este hombrecillo barbudo encierra, es que esta es su sobrina. Creedme, lo es.


martes, 20 de diciembre de 2005

Profesional del gañote

Durante este último mes mi curriculum gañotae ha aumentado de forma considerable. Primero fue el almuerzo en el Elcano La Marea tras el partido de Reyes Magos en Carranza, luego la cena del trabajo, más tarde una comida en el Hotel Fairplay Golf de Benalup y ayer un almuerzo en La Bodega pagado por el Cádiz. Así, con la barriga llena he sacado varias conclusiones...

1. Me gustan las cigalas.
2. No puedo pagarlas.
3. Me gustan las patas de cordero.
4. No puedo pagarlas.
5. Me gusta comer frente por frente a Antonio Muñoz y que me llene el vaso de cervecita.
6. Prefiero los botellones con mis colegas y que el Capi me eche un hielo (amenazo con volver).
7. Me gusta jugar en el Carranza.
8. Prefiero jugar en campos/pistas shungas con mis amigos.
9. Me gustan las barras libres.
10. Sigo prefiriendo los botellones con mis colegas.
11. Me gusta que me regalen vinos y jamones.
12. Prefiero que el U me regale un poema y un parecido malo.

En resumen, que el gañoteo gaditano es un deporte olímpico y yo soy recordman mundial, pero no lo cambio por estar con mis amigos. Cabrone, os quiero en verdá y tó.

P. D. Deseo que en estos días de buenos deseos y sentimientos se engrandezcan nuestros corazones para que bombeen con más fuerza la sangre a nuestros pollones.



Anoche Lloré

Al pasar por delante del Freidor vi una pequeña croqueta abandonada. Se habían olvidado de ella al rellenar el último papelón y yacía en la chapa, fría y triste, pegada al cristal suplicando que alguien terminara con su sufrimiento, que alguien se la comiera para acabar con su triste y corta vida.

Ser croqueta no es fácil. Te amasan, te fríen, te arrojan a un frío cristal repleto de hermanas tuyas, la gente te mira como si fueras un mono de feria y cuando aún estás en lo más calentito de tu vida te comen viva ahogándote en cerveza. Pero aún peor es la vida de una croqueta huérfana, vida de una sola noche, enfriándose poco a poco, consumiéndose junto al cristal, suplicando clemencia... hasta que a la mañana siguiente la tiren a la basura o se la den al gato para desayunar. Triste vida la que dura unas pocas horas y muere de frío sin ni siquiera ser útil como sus hermanas, que viven menos, pero menos sufren y hacen feliz a quien las devora.

Y lloré, sí, lloré al verla allí solita y no poder comprarla para aliviar su dolor. ¡SÍ A LA EUTANASIA CROQUETIL!

P. D. En verdá también lloré porque tenía una jartá de hambre, pero vamos, que soy un tío sensible alimentariamente hablando.