miércoles, 15 de marzo de 2006

Bastoncillos rosas 'de Cadi Cadi'

Hace unas noches volví a ver un episodio de CSI Las Vegas. Una vez más, Gil Grissom -el hermano guiri de Gregorio Manzano- resolvía un caso y descubría al culpable ayudado por Catherine Willows, la rubia de turno. Mientras, por otro lado andaban Sara, Nick y Warrick, el actor negro que hay en toda serie americana, cargando de trabajo al pobre Greg, el animal de laboratorio al que todos llevan mil cosas para analizar.

Cuando comenzó la serie yo era de los que la seguía con fervor, pero me terminé quemando. Y lo que me quemó no fue que los episodios bajaran en calidad, que no lo hicieron, sino la saturación a la que nos ha sometido Telecinco. CSI Las Vegas, CSI, Miami, CSI Nueva York… y, por si fuera poco, en el Falla se colaron los agentes del CSI Carmona hace un par de carnavales.

Cuando se emitía un solo episodio cada lunes siempre me quedaba con ganas de más. Esas ganas se vieron saciadas cuando la cadena amiga decidió emitir dos a la semana. Pero, a partir de ahí, me invadió la saturación de huellas, larvas e informes de balística. Primero, una ración de Las Vegas. Cuando Grissom y los suyos entregaban a la justicia a los malos del día aparecía en escena Horatio Caine y su equipo de investigadores de Miami. Bien, admisible y hasta curioso, pero algo pesado, aunque lo que terminó de matar mi interés fue que el tercer episodio del día fuera el de peor calidad, ya que CSI Nueva York me parece una serie bastante mala en comparación con sus predecesoras, al no tener unos guiones tan trabajados como ellas y descubriendo sus investigadores muchos datos con una suerte de tal calibre que ya la quisiera para sí el calvo de la lotería.

Y es que si hay algo que nunca me ha convencido demasiado de estas series es que, por muchos medios con que cuenten los investigadores, resulta muy poco creible que deduzcan tantos datos de las pruebas más simples. "Mira, Grissom, una huella de zapato", "oh, sí, Cath, esto demuestra que por aquí ha pasado corriendo a 15 kilómetros por hora un hombre zurdo negro de 29 años y cuatro meses que tiene 83 kilos de peso y 1’82 de altura, lleva el pelo hasta los hombros, un piercing en la ceja derecha y unos tenis Nike amarillos y azules, ya que es socio del Cádiz, como se observa claramente en su forma de apoyar los talones, que también nos permite ver que ni está casado ni tiene novia, pero que come en casa de su madre porque hace tres días almorzó una berza con to sus avíos y su pringá y eso no es normal que lo sepa hacer un soltero amante de la gallorda como este, porque si analizamos el surco que ha dejao en el suelo con el cayetano vemos que no se come ná, al no haber restos ni de látex ni de pelo púbico ajeno, pero sí células epiteliales de su propia mano derecha". "Joé, Grissom, que listo eres, cohone", "pa algo soy el jefe, rubia, y además te diré que el sospechoso trabaja en una Barraca porque llevaba media cáscara de pipa Churruca pegada al pie izquierdo, así que ahora sólo necesitaremos un listado de los trabajadores negros de barracas de Cadi Cadi, porque como tiene las suelas poco gastadas eso quiere decir que andar anda mu poco y hasta La Isla no ha llegao nunca". Y a partir de ahí resulta que en la lista sólo hay tres nombres, pero uno se ha ido a Castellón a buscarse las papas, a otro se lo fumaron los Brigadas al confundirlo con Kanouté y el tercero vive en La Laguna. Ea, ya está ahí el malo del día, el culpable de mangar dos botellas de whisky malo en el Supersol del estadio. Bien, Grissom, bien, picha. Tus cohone ahí.

Esto ha sido una exageración, evidentemente, pero en el CSI de Nueva York he llegado a sufrir cómo descubrían al asesino a través de un carta anónima que había mandado al marido de la víctima y que resultó estar escrita en un folio con una pasta de papel que sólo se vende en tres papelerías de los Estados Unidos, estando una, curiosamente, en el barrio donde se cometió el asesinato. Además, por supuesto, el vendedor tenía una lista de las dos personas a quienes les había vendido folios el mes anterior. Tremendo, oiga.

Pese a todo esto, resulta innegable la calidad de la serie, la original, claro, la ambientada en Las Vegas, con la que todos hemos aprendido muchas cosas. Porque ya se considera analfabeto a todo aquel que no sepa que si, al contacto con la superficie analizada, la punta del bastoncillo se vuelve de color rosa es que hay restos de sangre. Lo que nunca hemos aprendido es cual es el líquido con que se humedece el bastoncillo previamente.