miércoles, 26 de julio de 2006

Dios es un conejo

Bueno, mi teoría de que Dios es un perro anglosajón haciendo el pino ha quedado obsoleta. Jamás pensé que alguien pudiera rebatirla, ya que se basaba en la irrefutable realidad de que God es dog al revés. Pero estaba tremendamente equivocado y Janusz Lowenczyk -Profesor titular de Teología Animal de la Universidad de Cracovia- acaba de iluminar de nuevo mi camino.

La enorme excitación de haber comprendido por fin la verdadera naturaleza de Dios me embarga en estos momentos y me impide exponer con claridad el resto de mi antigua teoría, apoyada en que los bull dogs son enviados de Satán, así que paso a resumiros los fundamentos de esta revolucionaria idea de sobre el ente divino.

Según San Anselmo, la esencia implica existencia: el mismo concepto de Ser Supremo omnipotente y perfecto lleva aparejada la realidad de este Ser como ente, puesto que el Ser Supremo es más perfecto si existe que si no existe. Al hilo de este razonamiento podemos concluir que como el Ser Supremo es más perfecto si se encarna en una criatura viviente que si es simplemente un ente etéreo, el Ser Supremo se encarna efectivamente en un ser vivo.

Este ser vivo es más perfecto si es un animal que si es un vegetal, ameba o virus, ya que Dios esta hecho a imagen y semejanza del hombre; Dios no puede encarnarse en el hombre mismo, empero, ya que Dios y hombre son conceptos ontológicamente opuestos e incluso irreconciliables. Dios, entonces, se debe manifestar en un ser viviente lo suficientemente similar al hombre como para cumplir la exigencia de estar hecho a su imagen y semejanza, aunque lo suficientemente distinto como para reflejar la distinción ontológica básica entre Dios y el hombre. Tenemos, en consecuencia, que Dios es un mamífero.

Por qué afirmamos que Dios es un conejo? El conejo es indiscutiblemente un animal radicalmente distinto y diferenciado del hombre, tanto por su morfología como por el tamaño y la forma de sus orejas; su posición en la escala evolutiva no es en absoluto cercana a la del ser humano, y no se trata de un animal que haya sido demasiado utilizado por el hombre ni para producir leche ni para tirar de los arados ni de animal de compañía ni para formar parte de la cadena alimentaria. Sin embargo, considerando el conejo a la luz de una clasificación biológica-morfocelular del reino animal podemos observar una inobjetable concatenación de semejanzas con el ser humano que no se quedan en lo meramente fisiológico sino que radican también en diversos aspectos etológicos como sus costumbres crepusculares, su residencia en madrigueras complejas y su origen en la zona mediterránea. Ningún otro animal, ni que decir tiene que tampoco la paloma, se acerca ni de lejos a la combinación de similitudes y diferencias que convierten al conejo en un ente hecho a imagen y semejanza del ser humano pero, sin embargo, esencialmente distinto.

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